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Crónica del regreso del PRI a sus mejores tiempos

Miguel Ángel Arrieta

El enjambre humano desbordó las calles de la populosa colonia Zapata. Miles de acapulqueños originarios de los barrios, el anfiteatro, el cinturón suburbano, la zona Diamante y del Acapulco rural, imprimieron con su presencia el mensaje de que realmente las elecciones no se ganan en redes sociales ni con encuestas.
La fiesta multicolor que arropó el arranque de campaña de Ricardo Taja, candidato del PRI a la alcaldía acapulqueña es, de entrada, un desafío para que las demás fuerzas partidistas del municipio observen la dimensión de la estructura contra la que competirán.
El desplazamiento de contingentes comenzaba desde el acceso principal a la Zapata. La marabunta de priistas derivó en un nudo tumultuoso que impedía avanzar en cualquier dirección. El caos vehicular con sus consecuentes claxonazos dominaba el escenario. Todo bajo un quemante sol. Sin viento. Una abundante polvareda se desprendía de un tramo vial en reparación.
Pero a nadie parecían importarle esos inconvenientes. Los cetemistas encabezados por César Landín cantaban a todo pulmón clásicas consignas priistas. Un contingente de San Pedro las Playas animaba con porras incesantes a quienes encontraba al paso. La música de viento otorgaba ese toque de celebración inconfundible en las festividades guerrerenses. Decenas de trabajadores municipales se sumaban apresurados a la bullanga ante la perspectiva de que el evento ya había concluido, pero la cabeza de la caminata apenas iba doblando por la calle principal rumbo a las canchas techadas.
Algunos prefirieron tomar atajos para encontrar la marcha de frente. La diputada Rosana Agraz desistía de llegar al templete después de haberlo intentado infructuosamente en cuatro ocasiones.
-Después de ese árbol ya no puedes avanzar, señalaba con el índice.
Los taxistas formaban una valla interminable que resguardó la marcha en todo su recorrido.
“Somos más de seis mil taxistas”, destacaba el líder de transportistas Rogelio Hernández, tal vez el contingente más nutrido, enfatizaba con expresión de orgullo.
-¿quieres un agua?, me pregunta una mujer morena con vestido multicolor que percibió mi agotamiento luego de seguir la marcha de los priistas por las vialidades de uno de los perímetros clasificados dentro de las cinco zonas de mayor riesgo en la entidad.
Saca de una bolsa una botella y me la entrega. “Venimos de Icacos pero ya nos perdimos”, refiere decepcionada y al mismo tiempo justifica: -pero entre tanta pinche gente quien no se va a perder.
El ambiente de carnaval no incluye únicamente a la militancia priista. Ahí entre la multitud camina el doctor Roberto Martínez de Pinillos, integrante de la Sociedad Médica Guerrerense y destacado activista social.
Los periodistas expresan su asombro por la dimensión de la concentración priista. Julio Zenón Flores, director de Trasfondo Informativo comenta que su presencia ahí es porque quería ser testigo del tamaño del arranque de campaña “para que nadie me cuente la película”. Y reconoce que nunca esperó ver semejante aplanadora partidista en marcha.
Destaca la presencia de hombres y mujeres con playeras del PRD. Al principio se supone pueda tratarse de una provocación a los priistas. El desarrollo de la marcha permite ver que son parte del grupo liderado por el diputado federal y hasta hace poco perredista, David Jiménez Rumbo. Todos cantan igual que los del tricolor.
A lo largo de las calles por las que se mueve la marcha, cientos de banderas ondean incesantemente. Los fotógrafos se inconforman porque los estandartes y mantas bloquean la posibilidad de tomar buenas panorámicas: “bajen las banderas, no dejan tomar fotos”, reclama una reportera.
Ese inconveniente se agudiza al acercarse al frente del contingente. Ahí nadie regala espacio ni otorga cortesías. Julieta Fernández, Luis Miguel Terrazas, Fermín Alvarado, defienden como gladiadores sus posiciones. El preludio para llegar al templete central es una arena de codazos, apretujones, sofocación.
Ninguno retrocedía. Conscientes de que ese era el costo de encabezar una concentración de más de veinte mil personas.
Ahí la multitud persigue como figuras de Hollywood al candidato Ricardo Taja, al presidente nacional del PRI, René Juárez Cisneros, al candidato a Senador Manuel Añorve Baños. Los jóvenes buscan la selfie. Los adultos el abrazo y las mujeres de rostro sudoroso el beso en la mejilla.
“Déjenme saludar a mi negro”, pide doña Marisela Muñoz, de la colonia Zapata, al tratar de abrirse paso para llegar a René Juárez.
A unos metros del presídium, sobre el boulevard Vicente Guerrero un grupo musical ameniza al ritmo de cumbia costeña. Después de los discursos la salida es más complicada que la llegada. Los dirigentes priistas apenas pueden abrirse paso entre la asfixiante muchedumbre. Tal vez sorprendidos ellos también por la capacidad de movilización de una estructura que algunos politólogos consideraban adormecida, en extinción.
Al final de cuentas, llegan las palabras de René Juárez: -en el PRI sabemos ganar elecciones, independientemente de lo que digan encuestas o redes sociales.
En resumen, lo que ocurrió en la Zapata fue el regreso apabullante del tricolor, o como dijeran los cronistas: el PRI como en sus mejores tiempos.

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